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notas y reportajes. |
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Publicado en
http://www.periodicoelbarrio.com.ar (Mayo 2006)
Pedro Gaeta, artista plástico de Parque
Chas
“Donde mueren las palabras nace
la pintura”
Nació en el laberíntico barrio en 1930.
Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en la década del 70
emigró a Europa. El descubrimiento de los países socialistas. Su vida en
París. La noche y las mujeres. Este personaje de Buenos Aires, declarado
Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña, nos
cuenta su apasionante historia.
Las puertas del Taller de Arte “Expresión”, que dirige
Pedro Gaeta, siempre están abiertas. Detrás de un atril pinta,
todavía hoy con 76 años, este habitante singular de Parque Chas,
mientras espera el momento para contarnos su vida. Nació en el barrio de
las calles circulares en 1930. Su ascendente familiar ya garantizaba un
camino por el linaje artístico. Pedro lo siguió sin mirar atrás.
De su infancia recuerda los paseos por la avenida
Triunvirato, hasta la Plaza Echeverría. Todo era nuevo para él y él lo
quiso todo. Sus lugares favoritos eran los cines Parque Chas y 25 de
Mayo. “De pequeños jugábamos al balero o a la bolita. Con un par
de años más hicimos las fechorías que realizan los chicos de todas las
épocas”, comenta. Luego, su pasión se vinculó con las letras. Los libros
lo acompañaban en cada momento. Algunos poemas fueron brotando de su
mente. Hoy, mucho tiempo después, tomaron forma y fueron publicados bajo
un nombre, De los primeros amores, “que no es sólo de señoritas
sino también de paisajes, lugares, experiencias”, aclara.
La noche fue su compañera temprana y Pedro le escribió
uno y mil versos: Estoy en la noche y escribo mañanas. / Solo. /
Masticando estrellas en mi garganta que de tu frente nacerán un día con
mi beso. / Estoy en la noche y escribo mañanas. / Como el otoño, /
descubro jardines como sepulcros / donde duermen centinelas flores
negras. / Sola. / Ayer jugabas a tu corazón / con tus quince años /
colgados de las llaves del destino. / Estoy en la noche y escribo
mañanas. / Eternamente solos. Sin embargo, la pintura fue ganándose
un lugar en su vida. De esta manera, con decisión Pedro se encaminó
hacia la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde pudo materializar su
aspiración. Con pinceladas de talento dibujó su destino, más tarde
culminado en talleres dirigidos por maestros como Alfredo
Gramajo Gutiérrez, Onofrio Pacenza y Juan Batlle
Planas.
Junto a varios amigos, luego de cursar sus estudios,
Gaeta iba a los bares de la calle Corrientes, donde conoció a artistas
de la talla de Raúl González Tuñón, escritor y periodista, y al
poeta Oliverio Girondo.
Artista peregrino
Eran los años 70. Las décadas difíciles estaban por
llegar; Pedro encaminó su vida y los pinceles hacia Europa. Primero
Polonia, Rusia, Alemania y, por último, su gran sueño: París, Francia.
“A Polonia viajé por una beca al Congreso Mundial de la Paz. Estuve seis
meses viviendo en los países socialistas. Pude descubrir una sociedad
muy organizada. Sus habitantes tenían la posibilidad de estudiar. El
estado otorgaba planes de salud. No había pobres como acá. El único
problema consistía en la gran burocracia, que complicaba ciertas
situaciones”, comenta el pintor. Como en los textos de Franz Kafka,
Pedro Gaeta se vio envuelto en situaciones complejas que lo hicieron
cambiar de residencia: viajó a la ex Unión Soviética, Alemania Oriental
y, posteriormente, el ansia se hizo realidad. Había llegado a la Ciudad
Luz.
París conquistó a Pedro y Pedro deslumbró a París.
Comenzó a pintar, a vender cuadros, a cosechar amigos. Con lágrimas en
los ojos Gaeta recuerda: “Cada vez que voy a París se juntan mis amigos
y cada uno de ellos ofrece la llave de su casa para que yo elija donde
quedarme”. De Francia volvió en 1981 con las valijas llenas de recuerdos
y una enamorada parisina, llamada Annick. Aquí comenzaba a
aclarar el clima político. Pero la joven francesa, al poco tiempo,
decidió regresar a su patria asustada por la inflación extrema que se
vivía por aquel tiempo en la Argentina.
Con muchos años de experiencia en el arte, Pedro fue dos
veces presidente de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (SAAP).
Actualmente está al frente de la entidad, hasta que una nueva elección
lo suceda en la continuidad de la organización. Cabe aclarar que a fines
de 2004 fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura por la
Legislatura porteña.
El tango y el rock
Pedro Gaeta ha realizado una gran cantidad de obras
basadas en el tango. Sirve de ejemplo El bandoneonista, una
pintura excepcional donde demostró todas sus condiciones. Debido a ese
cuadro y a muchos más de la misma índole, Pedro fue catalogado como un
pintor de temas tangueros. Aunque, lejos de ello, el artista manifiesta:
“Yo no soy el pintor de tangos, como la gente me conoce ni tampoco el
artista que retrata a la mujer y, sin embargo, en mi obra aparecen las
mujeres. Lo que sucede es que allá por 1945 el tango era una pasión,
como ahora lo es el rock para los pibes. Por eso, en esa época, me
gustaba el tango y hoy adhiero al rock, no negando al tango”.
Pedro recuerda su amistad con Astor Piazzolla, al
que considera el máximo exponente en el género musical. En cuanto a la
pintura, admira la obra general de Carlos Alonso y León
Ferrari, entre los argentinos. “No sólo son grandes artistas sino
también excelentes personas. Aparte tienen la modestia de los
talentosos. El pintor tiene que estar detrás de su obra”, dice Gaeta.
-¿Qué significa la mujer en su obra?
-La vida tiene cuerpo de mujer -define Pedro, quien tiene
una gran cantidad de pinturas dedicadas a este tópico particular.
En una de las paredes del Taller de Arte “Expresión” un
cartel reza: “Donde mueren las palabras nace la pintura”.
-¿A quién pertenece esa frase?
-Es mía. Sabés lo que pasa, a veces los alumnos comienzan
a charlar, se distraen. En la pintura hace falta concentración e
inspiración y para llegar a conseguirlas el único camino es el silencio.
Experiencia, sabiduría, arte. Todo eso define a Pedro
Gaeta, un pintor único.
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Publicado en
www.claramente.com.ar
(junio 2004)
LOS
BARRIOS Y SU HISTORIA
Pedro Gaeta: El
pintor de Villa Urquiza

Visitamos
al artista plástico Pedro Gaeta en “la viña del pintor”, nombre
con que bautizó su casa en Villa Ortúzar. Una de sus obras está
reproducida en los vitreaux de la estación Tronador del Subte B.

Cuando allá por los
años 30 don Mateo compra el terreno donde después edificó su hogar,
lo hace con la convicción de que muy pronto el subte llegaría a esta
zona. Lo que él no sabía, era que, para la llegada del subte, habría
que esperar más de setenta años, y menos aún que su hijo Pedro
estamparía su firma en uno de los vitreaux que decoran la nueva
estación Tronador.
Pedro Gaeta es
artista plástico y vecino del barrio. Toda su niñez la vivió en
Parque Chas y actualmente sentó raíces en Villa Ortúzar.
Cholo, para los
amigos, nos cuenta que su infancia fue la típica de un chico de
barrio.
Comenzó la primaria
en la Escuela “Petronila Rodríguez” (Andonaegui al 1500), pero
debido a su mala conducta – era muy travieso – lo pasaron al
“Morris” y después al “Ballivián” (Combatientes de Malvinas
y Urdininea). A este último, concurrían todos los reos del barrio y
él era uno de ellos.
Siempre tuvo la
necesidad de expresarse. Por eso, cuando terminó el servicio militar,
ingresó a la escuela de Bellas Artes, pues pensó que la pintura era
su medio. Con anterioridad había incursionado en la escritura,
volcando en el papel todo aquello que había acumulado a través de la
lectura. Sus escritos de juventud los publicó después de muchos años.
A fines de los 50
participó del grupo de jóvenes poetas y pintores surrealistas y
comenzó a exponer con el grupo de Arte Nuevo. Junto a su gran amigo
Luis Luchi, el poeta de Parque Chas, formó parte del grupo “Gente
de Buenos Aires”, llevando el arte a los barrios. Ejerció la
presidencia de la SAAP (Sociedad Argentina de Artistas Plásticos) en
dos períodos consecutivos: 1973-1975 y 1975-1977, actualmente es el
vicepresidente.
En 1977, viajó a
Europa para realizar distintos cursos de perfeccionamiento becado por
la SAAP. Dados los tiempos que corrían en nuestro país por esa época,
decide autoexiliarse en España, para luego radicarse definitivamente
en Paris donde instala su atelier y se dedica a exponer. En su primera
exposición vende la totalidad de las obras expuestas con gran éxito.
Con ese dinero nos cuenta que se fue a conocer Italia, la tierra de
sus padres.
En 1982 decide
regresar a Buenos Aires para presentar una muestra. Le fue muy bien y
con lo obtenido compra “la viña del pintor”, nombre con que
bautizó su casa en el barrio de Villa Ortúzar donde vive
actualmente. Volvió a Europa por razones laborales, pero siempre
regresa al barrio pues dice “las cosas de la infancia lo sellan a
uno”. Por eso decidió quedarse en el país.
Desde hace 20 años
también ejerce la docencia en “El Taller de Artes Plásticas
Expresión” que creara junto a otros dos jóvenes en el barrio de
Colegiales. Como docente trata que cada uno de sus alumnos aplique su
propia técnica y además le da a sus alumnos la posibilidad de viajar
para que se enriquezcan como le pasó a él.
En 1989 junto con el
grupo de muralistas del taller Expresión pintaron el mural del Club
Social y Deportivo “El Trébol” de Gándara y Bauness.
Cuando le
preguntamos cómo surgió lo del vitreaux para la decoración de la
estación Tronador nos dijo: “Un día me llaman de gobierno preguntándome
si yo era el pintor que vive en Villa Urquiza. Ahí me cuentan la idea
de representar la historia del barrio y me preguntan si tengo alguna
pintura con motivo de tango. Les envié una serie que tenía y ellos
eligieron”. El cedió la obra para que la reprodujeran en vitreaux y
personalmente supervisó la tarea de confección del mismo.
“Con esto
sellé mi aldea. Es una especie de inmortalidad, ya que la vida me dio
más de lo que yo le di a la vida. Por eso volvería a hacer las
mismas cosas que hice. Seguiría viviendo en Villa Urquiza, por
ejemplo, porque Villa Urquiza es como la madre, es la más linda” |
Publicado
en
www.parquechasweb
(agosto 2002)
Artista Plástico nacido en Parque Chas
Villa
Ortúzar, 25 de junio de 2002. El crudo frío es apenas entibiado por
un tímido sol matinal. Estoy en "la viña del pintor", como
llama a su casa el artista plástico Pedro Gaeta, nacido en Parque
Chas.
"Baudelaire
decía la patria es la infancia". Con esta cita llena de
nostalgia comencé mi charla con "Cholo", como lo apodaban
de chico en el barrio. "Es así. El barrio, el lugar donde uno
nació o pasó gran parte de su infancia, es como el vientre materno y
con el tiempo se transforma en un sentimiento". Pedro Gaeta nació
en 1930 en Andonaegui 1616, frente al pasaje Varsovia. "Mis
viejos fueron a vivir a Parque Chas en el mismo año en que yo nací.
Allí compraron un terreno que ya tenía construida una pieza y algo
de la cocina y el baño".
La
muerte de Carlos Gardel, en 1935, es el punto de partida de sus
recuerdos de infancia: "Un chico del barrio llamado Salomón, el
hijo del sastre, pasó subido a su monopatín gritando "¡se murió
Gardel!, ¡se murió Gardel!". Entré a mi casa y le pregunté a
mi madre quién era Gardel. Ella me respondió que se trataba de un
hombre que había tenido mucho éxito y de paso me explicó que en la
vida siempre había que tener una meta, ir logrando cosas de a poco y
no todo de golpe. Esa explicación, con mis escasos cinco años, me
marcó para siempre".
Su
etapa escolar comienza en "la Petronila", LA ESCUELA de
Parque Chas cuyo nombre completo es Petronila Rodríguez y que está
ubicada en Andonaegui al 1500. Luego pasó al "Morris" de
donde lo echaron "porque era muy travieso" -dice-. "Al
Morris fui por las pibas lindas. Desde chico ya tenía esa vocación
por las mujeres". Luego pasó al colegio "Ballivián",
en Ballivian entre Donato Álvarez y Urdininea, donde "iban todos
los reos del barrio". Cuenta que los días de lluvia las madres no
llevaban a sus hijos a la escuela o los mandaban a buscar porque la
zona se inundaba mucho y una vez la correntada del desagüe se tragó
a dos chicos, que murieron ahogados.
Como en
un biógrafo, Gaeta comienza con la proyección de sus mejores
recuerdos del barrio:
- Las
calles eran de barro y desde mi casa, en Andonaegui entre Gándara y
Giribone, de noche se veían las luces de los tranvías que pasaban
por la Avenida Triunvirato. En ese entonces ir hasta Triunvirato y La
Pampa los días domingo era el paseo obligado de las familias. ¡Villa
Urquiza era el centro!. Por Triunvirato, yendo hacia Monroe, se
caminaba por la vereda izquierda. De ese lado estaba la mayoría de
los comercios y por lo tanto era la vereda más iluminada, ¡era un
mundo de gente!.
- Gran parte del paisaje de Parque Chas estaba dominado por yuyos
altos y cardos, que si no tenías cuidado al caminar te pinchabas
todo.
- En Ballivián, por donde pasaba un arroyo, existían unos puentes
metálicos para cruzar la calle.
- Los remates de lotes a cargo del martillero Grosso eran una fiesta.
Íbamos con mis amigos a ganarnos unos pesitos cuidando los autos de
la gente que iba a comprar terrenos. También nos ganábamos unas
moneditas que nos daban los curas por hacer de monaguillos en la
Parroquia San Alfonso -antes Capilla de San Ignacio y antiguo retiro
Cardenal Copello, donde todos los curas de Buenos Aires realizaban los
retiros espirituales-. Había misa desde las seis de la mañana y yo a
veces atendía dos o tres misas al mismo tiempo. Además nos comíamos
las hóstias y nos tomábamos el vino.
También
su memoria recorre los hornos de ladrillo de Parque Chas: "Yo me
hacía la idea del infierno. Había grandes montañas de tierra y con
mis amigos les hacíamos una canaleta tirando agua desde la cima. Llevábamos
un guardabarro de un auto viejo o abandonado, lo dábamos vuelta y nos
tirábamos. Había que tener cuidado con la zorra que pasaba por abajo
y que llevaba la carga de ladrillos que iban a parar al horno. Por eso
siempre se quedaba alguno de nosotros abajo para avisar: ¡largate
que no viene la zorra!"
Del 17
de octubre del '45 (Gaeta tenía entonces 15 años), recuerda que
estaba con su barra de amigos sentado frente a la Petronila y vino
corriendo un vecino del barrio gritando: -¡Che, en la Plaza de Mayo
hay un tal Coronel Perón y está todo lleno de gente!".
A esta
altura de la charla, la "viña del pintor" estaba inundada
por la calidez de un relato que me entusiasmaba al punto de hacerme
olvidar del crudo invierno. De repente, apareció una historia que me
conmovió: "En aquel entonces existía en casi todas las casas la
"tercera pieza", que era la que se alquilaba. Se ponía un
cartelito con un clavo en la puerta de calle con la leyenda "se
alquila". Entonces si pasaba algún interesado preguntaba "¿Por
cuánto la pieza?". Se le respondía que el alquiler costaba 30
pesos compartiendo la cocina y el baño. Si aceptaba, se llegaba a un
acuerdo y al otro día se mudaba. En una oportunidad llegó una pareja
y pasados unos días, mis padres notaban que por la noche había
movimientos extraños, gente que entraba y salía. En esa época la
gente se acostaba temprano ya que había que madrugar, no existía la
televisión... En todas las casas se escuchaba la radio y en la mía a
Julio De Caro. Un día mi viejo le dice al inquilino "¡oiga
usted!, ¡qué se cree!. ¡Ésta es una casa de familia!", ya que
sospechaba que el tipo hacía laburar a su mujer, o sea que utilizaba
la pieza como quilombo. El tipo en lugar de achicarse le contestó:
"mirá, Tanito, ¡no me jodas que te voy a cruzar entre las
rejas!". Mi viejo se atemorizó y yo estaba ahí (era muy chico),
presenciando todo. La historia siguió hasta que un día mi vieja
encaró al supuesto cafishio: "¡mañana mismo lo quiero afuera
de la casa, si no hago la denuncia policial! Y el tipo sorpresivamente
le contestó que se quedara tranquila. A la mañana siguiente, cuando
nos levantamos, la tercera pieza estaba completamente vacía. A los
tres días cae el autito de la policía a casa, y el agente nos cuenta
que quien había estado viviendo con nosotros era nada más ni nada
menos que el Pibe Cabeza, un famoso bandido de la época que paraba en
un bar de Triunvirato y Pampa y yo siempre supuse que se fue de casa
porque mi vieja lo amenazó con avisar a la policía".
Para
hablar de su vida como artista plástico digamos que Pedro Gaeta
realizó sus primeros estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes
Manuel Belgrano. A fines de los '50 participó del grupo de jóvenes
poetas y pintores surrealistas y comenzó a exponer con el grupo Arte
Nuevo. Fue cofundador de la agrupación ANFA (Arte No Figurativo Nueva
Figuración). Con su íntimo amigo Luis Luchi, el poeta de Parque
Chas, formaron parte del grupo "Gente de Buenos Aires", cuyo
desafío era llevar el arte a los barrios. El objetivo era abrir el diálogo
entre los artistas y el público, una propuesta integradora y
participativa. También integraban el grupo el músico Eduardo Rovira
y el escritor Roberto Santoro, desaparecido en 1977. Ejerció la
presidencia de la SAAP (Sociedad Argentina de Artistas Plásticos) en
dos períodos consecutivos: 1973-1975 y 1975-1977. En 1977 viajó con
proyectos de estudio y trabajo a países del este y oeste europeo. Se
radicó en España y luego decidió instalarse en París, donde vivió
hasta 1981, año en que decidió volver a la Argentina.
Gaeta
me cuenta algunas anécdotas de la relación de Luis Luchi con Parque
Chas: "Luchi y su esposa, Irene Lavalle, tuvieron que exiliarse
en Barcelona en 1975 o 76, no puedo precisarlo. Cuando pudo volver a
la Argentina, adonde, entre paréntesis, venía de visita porque su
idea de regresar definitivamente quedó incumplida, siempre bromeaba
con "voy a Parque Chas y de paso me doy una vuelta por Buenos
Aires". Y sigue Gaeta: "Luchi estaba tan ligado al barrio
que a todo el mundo decía que el dedo de la estatua de Cristóbal Colón
erigida en el puerto de Barcelona no señalaba América sino Parque
Chas"
En 1981
Pedro Gaeta regresó a la Argentina para realizar una exposición en
la que logró vender toda la obra: "Este hecho me sorprendió y
sentí cómo me atrapaba esta ciudad", dice el pintor. Y atrapado
por Buenos Aires decidió quedarse aquí. En 1989 junto con el grupo
de muralistas del Taller de Artes Plásticas Expresión pintaron el
mural en el Club Social y Deportivo El Trébol (Gándara y Bauness).
Una posible radicación en París lo motivó a emprender esta tarea:
"Si me iba quería dejar un testimonio, fue como sellar la
Aldea", afirma con mucho sentimiento.
Se fue
del barrio por primera vez en 1956, año en que se casó. Sus padres
fallecieron en Parque Chas: primero su padre, Mateo Gaeta, en 1955, en
la casa de Andonaegui 1616, luego su madre, en 1980, en un
departamento ubicado en "la puerta" de Parque Chas: Cádiz y
Avda. De Los Incas.
La
empresa Subterráneos de Buenos Aires va a exhibir la historia de
Villa Ortúzar en la futura estación Tronador de la extensión de la
línea "B" y también la estación será decorada con obras
realizadas en vitraux. Una de la obras pertenece a Pedro Gaeta, quien
casi al final de nuestra charla afirma: "Parque Chas tiene una
fuerte identidad caracterizada por la mitología urbana de su trazado
laberíntico. Luchi hablaba de la República Independiente de Parque
Chas y había creado toda una historia en torno a eso mientras estaba
en el exilio".
Es
evidente que una enorme distancia separa el Parque Chas de su infancia
del actual. Entonces le pregunto qué cosas añora del barrio:
- Añoro esa comunión que existía entre los vecinos. ¡Éramos una
gran familia!. No existían las llaves en la puerta de calle y mucho
menos rejas como la que se ven hoy, con los frentes de las casas como
si fueran celdas.
Después
de compartir un café como viejos amigos, nos despedimos cordialmente.
Fernando
Belvedere
para parquechasweb
Agosto de 2002
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